jueves, 26 de diciembre de 2019

Divertido origen de este artículo

     Sí alguien pudiera describir en cinco palabras a quienes escriben tal vez le sobrarían tres. Sin vergüenza sería un buen adjetivo, al menos a mi me quedaría muy bien con motivo de este post, y dirán ¿Leandro, qué se te ocurrió ahora? Pues resulta ser que no estaba todo dicho en mi balance literario.

     En este mundo sostenido a base de sudor y lágrimas llega el momento en el que nos preguntamos ¿Con qué me voy a ganar la vida? Y si bien la respuesta real es : Sí ya estás vivo no hay manera de que te ganes otra. Nos queda la parte menos divertida y un tanto confusa de esto ser asiduos de un sistema que nos lleva a tener que elegir (sí es que tenemos la suerte) entre un trabajo que nos sirva para alquilar o comprar un casa, alimentar una mascota y un montón de etcéteras que forman parte de la monotonía de lo cotidiano. Personalmente, desde hace muchos años, persigo la idea de que escribir sería un buen remedio a mi exceso de haraganería creatividad , aunque de todas formas estudio para tener un trabajo decente. 

Y con decente me refiero a:
1- Cualquier cosa que no sea ilegal
2- Cualquier cosa que sea ilegal pero que de todas formas a nadie le importe que lo sea
3- Seguramente termine siendo un clochard
4- Todo esto es una excusa para dejarles el siguiente cuento de Roberto Arlt

     Antes de que te adentres en el cuento me gustaría contarte que la obra de Roberto Arlt es de Dominio Público  razón por la cual lo comparto sin más.   Otro de los motivos también es que es uno de los autores que más me hizo pensar en este año y no me gustaría terminarlo sin darle, a quienes no lo leyeron aún, un poco de lo que Arlt escribió. 


DIVERTIDO ORIGEN DE LA PALABRA "SQUENUN" 

En nuestro amplio y pintoresco idioma porteño se ha puesto de moda la palabra "squenun". ¿Qué virtud misteriosa revela dicha palabra? ¿Sinónimo de qué cualidades psicológicas es el mencionado adjetivo? Helo aquí: 

En el puro idioma del Dante, cuando se dice "squena dritta" se expresa lo siguiente:

Espalda derecha o recta, es decir, qué a la persona a quien se hace el homenaje de esta poética frase se le dice que tiene la espalda derecha; más ampliamente, que sus espaldas no están agobiadas por trabajo alguno sino que se mantienen tiesas debido a una laudable y persistente voluntad de no hacer nada; más sintéticamente, la expresión "squena dritta" se aplica a todos los individuos holgazanes, tranquilamente holgazanes.

Nosotros, es decir el pueblo, ha asimilado la clasificación, pero encontrándola excesivamente larga, la redujo a la clara, resonante y breve palabra de "squenun". 

El "un" final, es onomatopéyico, redondea la palabra de modo sonoro, le da categoría de adjetivo definitivo, y el modo grave "squena dritta" se convierte en esta antítesis, en un jovial "squenun", que expresando la misma haraganería la endulza de jovialidad particular. 

En la bella península itálica, la frase "squena dritta" la utilizan los padres de familia cuando se dirigen a sus párvulos, en quienes descubren una incipiente tendencia a la vagancia, es decir, la palabra se aplica a menores de edad que oscilan entre los catorce y diecisiete años. 

En nuestro país, en nuestra ciudad mejor dicho, la palabra "squenun" se aplica a los poltrones mayores de edad, pero sin tendencia a ser compadritos, es decir, tiene su exacta aplicación cuando se refiere a un filósofo de azotea, a uno de esos perdularios grandotes, estoicos, que arrastran las alpargatas para ir al almacén a comprar un atado de cigarrillos, , y vuelven luego a su casa para subir a la azotea donde se quedarán tomando baños de sol hasta la hora de almorzar, indiferentes a los rezongos del "viejo", un viejo que siempre está podando la viña casera y que gasta sombrero negro, grasiento como el eje de un carro.

En toda familia dueña de una casita, se presenta el caso del "squenun", del poltrón filosófico, que ha reducido la existencia a un mínimo de necesidades, y que lee los tratados sociológicos de la Biblioteca Roja y de la Casa Sempere. 

Y las madres, las buenas viejas que protestan cuando el grandulón les pide para un atado de cigarrillos, tienen una extraña debilidad por este hijo "squenun".

Lo defienden del ataque del padre que a veces se amostaza en serio, lo defienden de las murmuraciones de los hermanos que trabajan como Dios manda, y las pobres ancianas, mientras zurcen el talón de una media, piensan consternadas ¿por qué ese "muchacho tan inteligente" no quiere trabajar a la par de los otros? 

El "squenun" no se aflige por nada. Toma la vida con una serenidad tan extraordinaria que no hay madre en el barrio que no le tenga odio... ese odio que las madres ajenas tienen por esos poltrones que pueden enamorarle algún día a la hija. Odio instintivo y que se justifica, porque a su vez las muchachas sienten curiosidad por esos "squenunes" que les dirigen miradas tranquilas, llenas de una sabiduría inquietante. 

Con estos datos tan sabiamente acumulados, creemos poner en evidencia que el "squenun" no es un producto de la familia modesta porteña, ni tampoco de la española, sino de la auténticamente italiana, mejor dicho, genovesa o lombarda. Los "squenunes" lombardos son más refractarios al trabajo que los "squenunes" genoveses. 

Y la importancia social del "squenun" es extraordinaria en nuestras parroquias. Se le encuentra en la esquina de Donato Alvarez y Rivadavia, en Boedo, en Triunvirato y Canning, en todos los barrios ricos en casitas de propietarios itálicos. 

El "squenun" con tendencias filosóficas es el que organizará la Biblioteca "Florencio Sánchez" o "Almafuerte"; el "squenun" es quien en la mesa del café, entre los otros que trabajan, dictará cátedras de comunismo y "de que el que no trabaja no come"; él que no ha hecho absolutamente nada en todo el día, como no sea tomar baños de sol, asombrará a los otros con sus conocimientos del libre albedrío y del determinismo; en fin, el "squenun" es el maestro de sociología del café del barrio, donde recitará versos anarquistas y las Evangélicas del latero de Almafuerte. 

El "squenun" es un fenómeno social. Queremos decir, un fenómeno de cansancio social. Hijo de padres que toda la vida trabajaron infatigablemente para amontonar los ladrillos de una "casita", parece que trae en su constitución la ansiedad de descanso y de fiestas que jamás pudieron gozar los "viejos".

Entre todos los de la familia que son activos y que se buscan la vida de mil maneras, él es el único indiferente a la riqueza, al ahorro, al porvenir. No le interesa ni importa nada. Lo único que pide es que no lo molesten, y lo único que desea son los cuarenta centavos diarios, veinte para los cigarrillos y otros veinte para tomar el café en el bar donde una orquesta típica le hace soñar horas y horas atornillado a la mesa.



Con ese presupuesto se conforma. Y que trabajen los otros, como si él trajera a cuestas un cansancio enorme ya antes de nacer, como si todo el deseo que el padre y la madre tuvieron de un domingo perenne, estuviera arraigado en sus huesos derechos de "squena dritta", es decir, de hombre que jamás será agobiado por el peso de ningún fardo. 

viernes, 13 de diciembre de 2019

Balance literario 2019


     Pasando de pequeñas tortugas a un fantasma buena onda y un vagabundo que no tiene nada que perder; Este es mi resumen del año en libros que leí. Bienvenidxs a mi balance literario 2019.

     Todo comenzó con Dinero a Mansalva, de Terry Pratchett (Quien, de todxs lxs autores, es del que más leí) allá por enero / febrero y quizás hasta marzo, ya que como siempre, estuve bastante vago para la lectura.  Dinero a Mansalva trata de la vida Húmedo Von Mustachen y su aventura trabajo como banquero. Es interesante recalcar que en este, como en casi todos los libros de Terry, se toma con ironía el tema que es tratado. Sí tuviera que darle un puntaje de 1 a 10 tortugas con elefantes en su caparazón y un mundo plano en sus lomos, yo diría que da para un 8. 
     
    Acompáñame por los pasillos de la biblioteca, cuidado con las cáscaras de banana en el piso. Lo siguiente en este mundo Prattcheano al cual me he dedicado con esmero en seguir adentrándome  es nada más ni nada menos que la saga de las brujas, del cual leí 3 de los 6 libros que lo componen; Ritos Iguales, Brujerías y Brujas de Viaje.  Cada uno de estos libros aunque formen parte de una misma saga tratan cada uno de  temas distintos: El primero trata sobre la vida de una niña llamada Eskarina y su trascendencia, a ser eso que normalmente no se es permitido a las muchachitas desobedientes. Brujerías nos adentra más en la vida de las brujas, reconocidas por ser unas brujas del todo malvadas, para nada, en absoluto, en serio de verdad cómicas. Sí te gustó Hamlet, esta versión, un tanto sofisticada, fantástica les va a ser salir pies a sus valijas. El tercer libro y último, para mi por este año, de esta saga  nos compromete a prestarle más atención a los cuentos que leemos a los más chicos y hacernos ver que tenemos algo pendiente con la literatura para niños. Brujas de viaje nos lleva a recorrer los cuentos más clásicos de disney y encontrarnos con que jamás habrá una versión final de algo.

      ¿Recién voy por la mitad del texto? Mejor me voy a montar guardia con el compañero Vimes. 
Siguiendo por el mundodisco tuve la genial idea de leer Ronda de noche, que habla sobre el anteriormente mencionado Samuel Vimes y su impedimento para llegar a tiempo al baño. Este libro es parte de la saga de la Guardia, de la cual leí en algún año anterior otro de sus libros: ¡Guardias! ¿Guardias? Recomiendo leer la saga pero no te desesperes  y no avances dando tumbos en la carretera del tiempo, lee el de la guardia, que es el primero. 

     Por cierto, nunca dejes jugar a Mort con tus relojes de arena.

    Llegamos al final. Al final de la lista de libros que leí de Terry Pratchett en este año, pero por último vamos a mencionar a Dioses menores y a su pobre Brutha, personaje que no siendo muy eficiente en cuestiones relacionadas a saber leer y no ser tan ingenuo, vive las peores mejores aventuras de su vida junto a una tortuga.

Ahora sí, la parte no Pratcheana (buuu)


     Guido Franz Kafka y su Metamorfosis se dieron a lugar este año entre las pocas lecturas que tuve y desde el día que supe su nombre no dejo de sentirme Gregorio Samsa atrapado en el cuerpo de (no, no es spoiler, ya lo vimos mucho) un insecto, en mi caso, un exoesqueleto de palabras no dichas. 

     Roberto Arlt y su Juguete Rabioso, junto con el nada parecido Nada que esperar, de Tom Kromer me dieron la idea de que hay algo escondido en lo cotidiano que se nos escapa a menudo y está escondido en la simpleza de vivir. Que hay dificultades que solo se pueden sobrepasar sí se sabe a escuchar al objeto. 

     Yevgeni Zamiatin y su Nosotros, George Orwell y 1984  Tienen muchas cosas en común, la primera es que son distopías y la segunda, según yo es que 1984 completa lo que Nosotros no nos explica. Quizás algún día me anime y haga un análisis más profundo de ambas obras y las compare más al detalle.

     Sí hay algo que nos guste más a los lectores son los títulos que no se traducen, por eso vamos a hablar de Fahrenheit 451, Ray Bradbury nos hace dar cuenta de lo importante que es no quemar libros, de como una sociedad que no distingue de la información basura del conocimiento puede llegar a sumirse en un progreso material que solo es el declive y fin del ser humano.  Un texto que sin lugar a dudas me hubiera gustado leer más en mis inicios como lector. 

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


     Philip K. Dick nos lleva a una tierra casi post-apocalíptica en la que solamente quedan los humanos y los andrillos. Siempre nos quedará la duda que propone el título, mientras tanto podemos batirnos a duelo con nuestras pistolas láser por diferencias en nuestras hipótesis.  El título está como encabezado porque es uno de los libros con los que más soñé después de leerlo.

Fin.

     Así, con este extrañísimo resumen de año puesto en títulos de libros doy por finalizado mi año  2019 de lecturas. Aunque me hayan quedado en el librero 20 mil leguas de viaje submarino y Soy leyenda, que quizás termine (o no)  antes del 2020.  Felices fiestas, recuerden no meter los dedos en el enchufe y que sino SERÁ UN PLACER CONOCERLOS EN PERSONA.

    Seguiré escribiendo.




martes, 10 de diciembre de 2019

Las manecillas del girasol.

      Sí algo pudiera parecerse a morir seguramente tendría que ver con despedirse del lugar que amas.

     Se cumplían 7 años desde que la terraformación de la Luna comenzó, y me resultaba difícil pretender que ese lugar era como aquella tierra llena de vida que abandonamos. Todo aquí nos llevó a mutar a una versión extraña de nosotros; un claro ejemplo de esto fue el asesinato del Sr. Mirello. Un asunto que debía ser resuelto antes del anochecer, de ello dependía la estabilidad de la colonia.

     Miré la última fotografía que le tomaran a Mirello, había cinco sujetos en ella, cada uno sonreía, pero él más aún, que sostenía un girasol en sus manos. Se podía intuir en su cuerpo un cierto grado de embriaguez, ya que festejaban las primeras cosechas no importadas de girasoles, un gran avance para la colonia. Nadie parecía sospechoso; la sonrisa de las hijas, la calma del esposo de Mirello y lo taciturno característico de las unidades de cultivo automatizadas. Nada, nada daba indicios de que quisieran arrebatarle la vida así. En la escena nos encontramos con su cuerpo tendido sobre la escalera del Ministerio de Terraformación, en su rostro se veía terror. Es difícil causarle terror a quien viajó por todo el sistema solar en busca de nuevos territorios para albergar a su especie; muchas cosas allí afuera pueden hacerte repensar sí acaso no es todo una pesadilla: la enormidad de las estrellas vistas de cerca, la sensación de extrañeza al atravesar una atmósfera de colores inimaginables, las lluvias ácidas, los demonios del noveno planeta. Nada en la luna pareciese ser capaz de causarle tanto pavor a un hombre que conocía los misterios más insondables de los astros.
   
    Me levanté de la silla y me acerqué a la ventana, algo pasaba en los campos. Corrí atravesando las compuertas para llegar a los laboratorios, un oficial me detuvo y me informó: "Señor, los girasoles se han rebelado, mataron a dos científicos y destrozaron todas las máquinas de cultivo, debemos activar el protocolo de migración".

     Nadie, ni siquiera yo, hubiera imaginado que los girasoles pudieran tener vida durante la noche y un mal genio capaz de asolar nuestra existencia de tal manera que ahora estemos rumbo a un nuevo lugar parecido a la tierra de la que vinimos.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Lo que nunca te conté.

   La primera vez que escuché hablar a alguien sobre fantasía no fue en la escuela, como sucede normalmente, fue en la casa de un vecino. Tenía 5 o 6 años, no lo recuerdo bien, pero creo que él siempre vivió al lado de casa, en ese entonces yo no era un niño con muchos amigos, las pocas personas que completaron los días de mi infancia fueron mamá, papá, mis hermanos y hermanas, y esa pareja de rusos viejos que vivían enfrente.

   Un día, no sé cómo ni cuándo, este vecino y yo entablamos una amistad, la amistad que un infante y alguien mayor de 45 podría tener, como de padre e hijo. Creo que todo lo que sabemos se nos es enseñado ante de los diez años, el resto es solo poner cosas adentro de un cesto de basura , que se guarda en el cerebro y ahí quedan hasta que decidamos cómo podemos reutilizarlo. Horacio, mi vecino, llegaba de trabajar tarde, a eso de las cinco o seis y casi todos los días, iba a buscarlo. Cuando yo tenía más o menos 5 años, antes de siquiera aprender a leer, me había enseñado a jugar al ajedrez, es mi juego favorito. Sabíamos todas las reglas, excepto una: la cantidad de casillas que se mueve el alfil. Me dijo muchas veces que iba a preguntarle al amigo que se lo vendió cómo eran las reglas. Las piezas eran de madera, unas pintadas de blanco y las otras guardaban en su barniz el color de la madera, se podían guardar perfectamente todas las piezas en el tablero, que a su vez era una caja de madera. Pasamos muchas tardes jugando en su cocina. Todo en su casa estaba hecho de esa madera color caoba que tanto le gusta a los adultos.

    Un día Horacio me invitó a comer en su casa y Ana, quien ahora sé que fue su esposa, siempre ponía la mesa. Mi amigo cocinaba pastas caseras, tiempo después descubrí que él durante mucho tiempo habría trabajado de cocinero. Tomábamos jugo pent10 y mirábamos la tele, me hizo enamorarme de los dibujos de Hanna Barbera y de los delirios de Cartoon Network.

   Los días, transcurrieron sin chistar entre repiquetear de las agujas de relojes, pasaron afianzando nuestra amistad con Horacio. Mientras jugábamos en el patio, seguramente con agua, escuché el crujir del techo y me asusté, en mi infancia de niño que come barro y espera a ver algún bicho saltar del pasto para ir a otro lugar, solo cabía la posibilidad de que ese ruido fuese alguien caminando por sobre las chapas, pero no, él señaló el techo y  se puso el dedo sobre la boca e hizo muy fuerte ‘shhh’ y dijo: Tengo un secreto que contarte, ahí arriba vive un dragón que tengo escondido, lo están buscando y yo lo defiendo, nadie tiene que verlo. Yo sabía que eran los dragones, pero para mi los dragones estaban muy lejos, o no existían. Horacio me convenció de que sí, porque cuando le pregunté por qué no lo podía ver desde la calle me dijo “Porque es invisible y cuando tiene miedo se va a esconder al tanque de agua” así, con una respuesta tan breve me dio el regalo más hermoso que un niño puede llegar a tener nunca, la fantasía. En otra de estas aventuras me encontré que en la cocina de su casa había una caja, una caja que de vez en cuando se movía, me animé a preguntarle y sin darle importancia me respondió “Es un robot” quedé fascinado, y al igual que con el dragón, le pregunté si podía verlo y la respuesta fue que no, porque al robot le daba vergüenza.

    Quizás fuera un sábado o un domingo, me mostró su máquina de escribir, una Olivetti Linea 48, de un color entre crema y oliva, siempre estaba envuelta en una funda de plástico. Horacio me preguntó si quería escribir, no sé qué le dije, pero seguramente fue algo como “Yo no sé escribir” y así y todo me dijo que vaya con Ana, para que me lavara las manos, cuando volví él ya había puesto una hoja en la máquina y dijo “mira, se hace así” probablemente haya tecleado mi nombre , pero no importaba, porque yo aún no sabía leer, luego me dió la indicación de hacer lo mismo que él y así, como quien ha dedicado su vida entera a los libros infumables, yo empecé a teclear y las letras, las sílabas y quizás alguna palabra producida por el mero azar, aparecieron en la hoja. 

   En vísperas de mi cumpleaños recibí un regalo muy triste; Ana y Horacio se iban, se mudaban a otro barrio, a una casa extraña de la cual tengo vagos recuerdos. Antes de irse me dieron la vieja Olivetti Linea 48 y unos rollos de tinta. En el primer libro que empecé a escribir, y nunca terminé, ese gesto tiene una dedicatoria: “Dedicado a Horacio, que me regaló mi primer máquina de escribir. Y a los desarrolladores de las computadoras y de Open Office que sin ellos básicamente no me hubiera gastado en escribir esto, las teclas de la máquina de escribir siguen siendo muy duras.”

   Duras, como la vida. La última vez que vi a Horacio fue en el hospital, tardó unos segundos en reconocerme, pero cuando lo hizo me dijo “Leito…” y me dio un abrazo, uno de esos que un niño de 5 años no entendería, y que yo, con 25, tampoco pude, porque jamás pude imaginar que sería el último. Tuvimos una corta conversación, yo tenía que volver a atender a papá, pero me contaste muy resumidamente todo lo que hiciste en la vida y me diste quizás uno de esos consejos que nadie pide pero que necesita: que intente hacer algo en la vida.

   El 4 de octubre del 2019, me contaron, la vida le puso punto final a los capítulos de la tuya y yo, con estas líneas solo quería darte las gracias y mostrarte que finalmente aprendí a hacer que las letras se unan y formen palabras con sentido, que la imaginación que me regalaste está presente y que lo que quiero en esta vida es continuar escribiendo acerca de ella, de vos, de papá y por y para todas las personas de este mundo.


De “Leito” para Horacio, que en paz descanses.

viernes, 23 de agosto de 2019